FRENTE AL DESASTRE: ¿COMO LIDIAR CON VENEZUELA?

VENEZUELA manifiesta poseer más petróleo que Arabia Saudita, pero su pueblo tiene hambre. Un sorprendente 93% de ellos manifiestan que no tienen como pagar los alimentos de necesidad, y tres cuartas partes han perdido peso en estos últimos años. El gobierno que provocó esta tragedia predecible siente gran amor por los pobres. Sin embargo, sus funcionarios han defraudado miles de millones, transformando a Venezuela en el país más adulterado de América Latina, así como en el más torpemente gobernado. Es un ejemplo de libro de texto de por qué la libertad importa: los individuos con gobiernos malos deben ser capaces de huir de esos vagos. Es quizás por eso que el presidente Maduro está tan deseoso por asfixiar lo poco que queda de la democracia venezolana.

El 30 de julio, omitido un cambio de parecer de última hora, el presidente Maduro efectuará una elección ilegal para tapar la creación de una asamblea constituyente escogida a mano cuyo fin es conservar su impopular gobierno socialista. Terminara de acabar los poderes del parlamento, ahora vigilados por la oposición, y arruinará la integridad de las elecciones presidenciales del siguiente año, que si fueran autónomas y justas, indudablemente las perdería Maduro. Los opositores afirman que la asamblea pondrá el comunismo al método cubano. Al menos, su obra incitará más violencia en un país donde las calles ya están asfixiadas con gases lacrimógenos y repletos de cañones de escopetas policiales. En casi cuatro meses de manifestaciones, al menos 100 personas han muerto; cientos han sido encarcelados por orígenes políticos. Todo esto enoja a los venezolanos. También debería inquietar al mundo exterior.

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El descarado líder de Caracas

A finales de este año, el desmayo económico de Venezuela, que dio inicio en 2012, será el más juzgado en la historia moderna de América Latina. El ingreso por persona ahora regresó a donde residía en los años cincuenta. El origen primordial de esta desgracia es de ideas. Llevando el ejemplo de su fallecido preceptor, Hugo Chávez, Nicolás Maduro despilfarra dadivosamente el dinero público, sobre todo con sus seguidores. Los bajos precios del petróleo y la torpe gestión figuran que ahora no puede cancelar sus cuentas. Así que publica dinero sin amparo y culpa a los negociantes por la inflación surgida, que se espera que rebase el 1000% este año. El precio del mercado negro en dólares de los Estados Unidos es ahora en torno a 900 veces el tipo oficial. Los controles de precios y la confiscación de compañías privadas han llevado a falta de alimentos y medicinas. Con los hospitales pobres de suministros, la tasa de mortalidad materna subió a un 66% el pasado año. Funcionarios evidentemente se favorecen de su acceso a divisas y bienes esenciales. Venezuela se ha transformado en una ruta superior para el narcotráfico y está sumergida de armas.

Algunos progresistas, como el británico Jeremy Corbyn, figuran que la “revolución bolivariana” de Venezuela es un sugestivo experimento de justicia social. Que le diga eso a miles de venezolanos que se han ido a los países vecinos. A medida que la crisis cada vez empeora más, su número crecerá. Eso crea que el gobierno venezolano sea una advertencia para la zona, así como para su referido pueblo.

¿Qué se podría hacer? La preferible conclusión sería un cambio negociado. El Señor Maduro acabaría su poder pero honraría la constitución y el parlamento, soltaría a los presos políticos y aseguraría que las elecciones regionales caducadas y la lucha presidencial del próximo año se efectúen de manera íntegra. No obstante, el intento de acuerdo falló el año pasado, y no hay señales de que Maduro y sus cómplices voluntariamente otorguen el poder.

Quienes deseen librar a Venezuela tienen una influencia restringida, pero no están abandonados. La oposición, una unión variada que lleva mucho tiempo en codicia personal y sin enlace, necesita realizar muchísimo más para volverse en un gobierno variable creíble. Eso adjunta decidir un solo líder. Ciertas personas en la oposición afirman que todo lo que se requiere para desatar el desmayo del gobierno es sumar y sumar las manifestaciones. Eso parece fabuloso. Maduro todavía puede seguir con el apoyo de las fuerzas armadas, con las que cogobierna. En la economía estatizada de Venezuela dirigen el dinero que hay, y conserva el aparo de un cuarto de venezolanos, más que suficiente para colocar a su gente en la calle. Y tiene la sugerencia de los funcionarios de seguridad cubanos, que son expertos en la opresión selectiva.

Dirige al régimen, no a sus víctimas

América Latina finalmente se ha despertado a la advertencia. Venezuela está mucho más retirada de lo que era, habiéndose anulado del conjunto Mercosur. Pero fue capaz de impedir una opresión similar de la Organización de Estados Americanos (OEA) el mes pasado con el apoyo de sus partidarios ideológicos y algunos estados insulares caribeños a los que les propone petróleo económico. Estados Unidos debería haber fijado más fuerza diplomática para actuar en el voto en la OEA. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump está estimando ahora penalidades amplias tales como impedir la importación de petróleo venezolano o impedir que compañías estadounidenses laboren en la industria petrolera de Venezuela. Eso sería una equivocación: el Sr. Nicolás Maduro descubriría nuevos adquirentes para su petróleo en cuestión de meses. Mientras tanto, la gente usual sufriría más que los partidarios del gobierno y las penalidades amplias podrían confortar el gobierno, porque la confirmación vacía del señor Maduro de que se contrapone a la “guerra económica” de la América “imperial” estimaría algo de principio.

Más sugestivo, el 26 de julio el gobierno de Trump publicó penalidades individuales a otros 13 funcionarios venezolanos que hacen parte de la asamblea constituyente, o sospechosos de soborno o abuso de DDHH. Estos funcionarios han poseído visas recluidas, y los bancos y las compañías estadounidenses tienen impedido hacer negocios con ellos. Este impulso podría incrementarse al presionar a los bancos para confesar información vergonzosa sobre funcionarios que han ocultado fondos públicos robados en el extranjero. La Unión Europea y América Latina deben unirse a este sacrificio.

En sí mismo, no impondría al gobierno a cambiar. Pero el palo de las penalidades individuales debe acoplarse con la oferta de tratados, negociados por gobiernos extranjeros. Cualquier convenio final puede tener que adjuntar exoneración legal para superiores funcionarios venezolanos. Eso es fastidioso, pero puede ser indispensable para obtener un cambio pacífico de regreso a la libertad.

La opción podría ser un resbalón a la violencia generalizada, de la que Maduro sería completamente responsable. Ya hay señales de anarquía, con primordiales en ambos lados que se desatan del control de sus líderes. En ocasión de una segunda Cuba o una China tropical, la chavista venezolana, con su deshonestidad, pandillas e ignorancia, corre el riesgo de transformarse en algo peor.

Este artículo surgió en la sección de Líderes de la edición impresa bajo la denominación de “La agonía de Venezuela”

 

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